Un movimiento sanador en un campo cuántico
Sistematizadas por Bert Hellinger, las constelaciones familiares han devuelto a la familia el papel protagónico en la inserción y desarrollo del ser humano. Todo núcleo humano funciona dentro de un sistema al que somos leales y a eso le llamamos amor. Desde esta visión, cada persona está intrínsecamente entrelazada a sus ancestros mediante tres elementos: el orden, la jerarquía y el equilibrio.
La ruptura, del amor condicionado al amor libre
Desde su visión, Hellinger define la sanación como un verdadero acto de valentía: aprender a sobrellevar la “mala conciencia”. Quien desea sanar debe atreverse a ser “culpable” ante los ojos de su clan para poder seguir su propio camino y florecer. El amor infantil prefiere sufrir con tal de pertenecer (buena conciencia), mientras que el amor adulto asume el riesgo de diferenciarse para traer algo nuevo y luminoso a las siguientes generaciones.
¿Cómo funciona el campo?
El Campo Fenomenológico es el espacio invisible de información donde se manifiesta la verdad oculta de un sistema familiar. Es el marco energético donde operan las dinámicas sistémicas y es la herramienta principal que permite al terapeuta y a los representantes acceder a memorias transgeneracionales.
Los representantes abren el campo energético cuando se “disponen al servicio”, abriéndose en ellos el canal para recibir la información. Sin la posibilidad de usar la mente lógica (ya que los asistentes desconocen la historia familiar del constelante), se apertura un portal en el cual el sistema familiar se abre a la sanación perfecta y oportuna. Es el campo el que hace el movimiento per se. Sí, la lectura del campo es “intuitiva” y entre más sensible es el canal (la persona representante), más detallada y veraz es la información; en la mayoría de los casos esta lectura puede definirse como “clarisensibilidad”, que es la capacidad de percibir emociones y sensaciones por medio del cuerpo. Es el constelador el encargado de limpiar el campo de posibles interpretaciones mentales que los representantes pudieran manifestar.
Todos los seres humanos contamos con la capacidad de percibir, para algunas personas eso es natural y lo manejan bien desde el servicio de sanación; para otros la experiencia se convierte en un escenario de “dudas”, “miedo” y “rechazo”; ello es natural pues la sociedad y las religiones se han encargado de cortar ese canal sensible que inhibe al ser humano de su conexión energética con el entorno espiritual.
Para dar una explicación más científica a este misterio, la teoría de Hellinger se conecta directamente con el trabajo del biólogo británico Rupert Sheldrake y su teoría de los Campos Mórficos y la Resonancia Mórfica. Según la cual los seres vivos no solo heredan información a través de los genes, sino a través de un campo invisible de memoria colectiva que conecta a todos los miembros de una misma especie o grupo social. Así mismo, el sistema familiar posee su propio campo mórfico. Cuando un representante se coloca en el Campo Fenomenológico, su sistema nervioso sintoniza (como una antena de radio) con la frecuencia e información de ese árbol genealógico específico.
En mi experiencia como consteladora he podido observar que para algunas personas la versión tradicional es la indicada, ya que requieren “escuchar” y “entender” los movimientos; para otros participantes sin embargo, el “sentir” el flujo es suficiente, logrando conectar su alma con la energía vibrante del campo. Ambas para mí son complementarias y las utilizo de acuerdo a cada caso. También prefiero que el campo me vaya indicando el orden, de forma que me dejan ver un objeto o una escena que me indica el siguiente movimiento; al final del taller esto va creando un flujo de conciencia entre todos los participantes, produciéndose así no solo un movimiento individual, sino que el campo va cada vez más profundo, generando una especie de espiral sanadora que va en ascenso hasta generar una especie de “climax”.
Los 3 pasos del proceso de sanación
- Develo la Verdad Oculta
La sanación empieza cuando uno deja de mirar el síntoma (la escasez, la enfermedad, el conflicto de pareja) para definir las causas invisibles dentro del sistema. El síntoma aparece para mostrarnos dónde se ocasionó la ruptura de las 3 leyes básicas del sistema: la pertenencia, el orden y el equilibrio entre el dar y el recibir. En todos los sistemas hay innumerables heridas y las constelaciones abren al sistema la posibilidad de revelarlos y restaurarlos. Sanar exige la valentía de mirar el secreto, el dolor o el trauma del pasado con respeto y devolverlos a su origen, liberando al consultante de la carga de manifestarlo para ser reconocido.
- Me muevo del “Amor Ciego” al “Amor Consciente”
El amor infantil y ciego de las lealtades invisibles dice: “Yo sufro como tú para pertenecer”. Este amor genera enfermedad y estancamiento. La sanación ocurre cuando se realiza un salto al amor adulto y consciente, que es capaz de decir: “Miro tu difícil destino con respeto, pero en tu honor, yo elijo florecer y ser feliz”. El resultado del trabajo constelar genera “consciencia”, al conectar al sistema con la aceptación plena, la gratitud y la validación. Al constelar se deja atrás la necesidad de culpar a otros, se realiza un corte energético y se asume la responsabilidad sobre el propio proceso desde el amor consciente, de esa forma se sana uno y las generaciones futuras.
- Tomo mi lugar sin culpa
El proceso constelar te hace consciente de que para sanar y tener una vida plena, a menudo se deben romper las reglas o los patrones de sufrimiento de tu clan. Esto genera una culpa incómoda (mala conciencia). El adulto sano es aquel que tiene la fuerza de sostener esa culpa inicial con tal de no repetir los dramas de sus antepasados y romper el ciclo.
